Los debates con Pasteur
La polémica alcanza a los trabajos de los dos hombres de ciencia, que se enfrentan abiertamente. Era una mezcla de patriotismo y competencia por la supremacía científica que tuvo su punto de arranque en unos comentarios sobre la vacuna contra el carbunco conseguida por Pasteur.
En una revista alemana, Koch, Gaffky y Loeffler arremeten contra el francés con “un punto de nacionalismo y mala fe indignos de su talento” (1) , dicen que es incapaz de cultivar microbios en estado puro y de atenuar su virulencia.
Afirman que no sabe distinguir el vibrión séptico de la bacteria carbuncosa, que su vacuna anticarbunco carece de valor y que los gusanos no juegan ningún papel en la etiología de esa enfermedad. Poco después, durante el mes de septiembre de 1882, se celebra en Ginebra un Congreso Internacional de Higiene, Koch está pletórico por su descubrimiento del bacilo tuberculoso. Pasteur refuta las opiniones de Koch.
En su alocución se produce un incidente cuando al citar el texto de Koch y sus colaboradores, éste último se agita en su asiento, se levanta, protesta y con mala cara se marcha, declinando discutir con Pasteur al que anuncia que le responderá por escrito. Al parecer el malentendido estuvo en una frase que Koch interpretó como “orgullo de los trabajos alemanes” en lugar de “resumen de los trabajos alemanes” como aludía Pasteur.
En diciembre de 1882, Koch publica un texto titulado “La inoculación preventiva del carbunco. Réplica al discurso pronunciado por Pasteur en Ginebra”. Acepta aquí el valor de la vacuna pero se mantiene en sus posiciones. Koch expone sus argumentos y carga las tintas sobre el tono emocional que utilizó Pasteur y que él considera un ataque personal, afirma además que ambos tienen diferencias fundamentales en sus métodos para investigar las enfermedades infecciosas (11) .
La respuesta de Pasteur no se hace esperar y el día de Navidad de 1882 escribe su “Carta abierta a Monsieur Koch” en donde afirma que ha envuelto su propósito científico de aires nacionalistas, “Usted, Señor, que ha llegado a la ciencia en 1876, después de los grandes nombres que acabo de citar, debería reconocer que es deudor de la ciencia francesa” (1,12) .
Dos editoriales del Boston Medical and Surgical Journal , en enero y marzo de 1883 analizan el desencuentro entre los dos científicos, Pasteur, “que se presentaba como el segundo Jenner y Koch representante de la escuela de investigadores germanos” (13,14).
Un artículo de Mollaret (15) describe las distintas veces en que ambos se citaron en discursos o escritos a lo largo de una relación que se inició en el congreso de Londres de 1881 cuando Pasteur, ya consagrado y con 59 años, reconoce los méritos de un Koch veintiún años más joven. Luego llegó la acritud y la polémica. Algo por otra parte muy usual entre los hombres de ciencia.
“Pasteur era un genio intuitivo y enriqueció la medicina sin haber visto a un solo enfermo, para Koch, en cambio, sólo tenía valor lo que era fuerte por su solidez y se basaba en la experiencia. Las ideas de Pasteur tenían alas, la genialidad de Koch, según Ehrlich, consistía en la sana razón elevada al cuadrado” (4) .
Los viajes, ¡por fin!
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Figura 9. Koch en Egipto estudiando el cólera (1884) |
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Figura 10. Koch en Egipto acompañado de colaboradores |
Koch es reconocido en todo el mundo y aunque sigue investigando sobre la tuberculosis, recibe la noticia de que el cólera está llamando a las puertas de Europa. Ha llegado a Egipto (Figuras 9-10) y un violento brote epidémico estalla en Damiette durante una feria anual, extendiéndose por el delta del Nilo. Se entabla una carrera entre Francia y Alemania, entre Pasteur y Koch.
Éste último se desplaza al frente de la Comisión Germana del Cólera acompañado de Gaffky, Fisher y Treskow. La misión francesa está compuesta por Roux, Nocard, Strauss y Thuillier, un joven de 27 años que era una de las promesas de la incipiente microbiología. Las dos misiones se instalan en Alejandría.
Encuentran los mismos gérmenes en distintos enfermos, pero fracasan al intentar inocularlos en animales. Cuando la epidemia, bruscamente, empieza a remitir, Thuillier enferma de cólera y muere en 24 horas. Los alemanes se acercan a presentar condolencias a sus colegas y rivales franceses, consuelan a Roux y rinden un sencillo homenaje al fallecido (1,8) .
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Figura 11. Microfotografia de Vibrio cholerae |
Koch sabe que ha encontrado el germen, el Vibrio cholerae (Figura 11) , pero no ha demostrado que sea el causante de la enfermedad. Mientras los franceses vuelven a su país, Koch solicita permiso y decide ir a la India, la cuna del cólera. “En Calcuta la misión alemana se aloja en el Medical College Hospital .
Las condiciones de trabajo son ideales, hay cólera por todas partes de Bombay a Madras. Koch tiene un programa preciso, autopsia y análisis microscópico de cadáveres, análisis biológico de gérmenes, estudio de su comportamiento en medio artificial, búsqueda en agua, tierra y aire, estudios estadísticos. Tres semanas después lo tiene. El bacilo en forma de coma, que no se encuentra más que entre los coléricos, ha sido cultivado en gelatina
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Figura 12. Colonias bacterianas que crecen en las placas de gelatina nutricia, logradas por Koch en 1896 |
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Figura 13. Aparato para la preparación de placas de gelatina lograda por Koch |
(Figuras 12-13) .
El agua es fundamental para su difusión. Desde que Calcuta se aprovisiona de agua potable la mortalidad ha descendido. Las ropas de enfermos y cadáveres contaminan el entorno. Los depósitos de agua de las aldeas sirven de medio para que se multiplique. Pero la inoculación a animales no puede realizarse porque estos son refractarios al germen, a diferencia del carbunco o la tuberculosis” (1) .
En contra de uno de sus propios postulados, Koch ha tenido éxito. Es aclamado en Alemania como un héroe, lo recibe el Emperador y lo colman de honores y de una gratificación de 100.000 marcos. Algunos detractores como Pettenkoffer o Emmerlich llegan a beber vibriones coléricos para demostrar su inocuidad, lo que casi les cuesta la vida.
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Figura 14. Koch en África, 1886 |
Koch realizará a partir de entonces varios viajes por África (Figura 14) y Asia, cumpliendo su sueño de juventud, reclamado por distintos países para estudiar enfermedades como la malaria, la peste bovina o la enfermedad del sueño.
Desde 1885 a 1891 trabaja como profesor de Higiene en la Universidad de Berlín, impartiendo cursos para formar futuros bacteriólogos, tanto civiles como militares.
Es una época viajera, en la que conoce países exóticos y empieza a distanciarse de su mujer. Ella no le acompaña en sus viajes y aunque le ayudó en sus años difíciles prefiere una vida tranquila. En el plano científico son también años menos productivos. Va de una enfermedad a otra, de un país a otro, pero le persigue la idea de encontrar un remedio contra la tuberculosis.
EXPEDICIONES Y CONGRESOS DE ROBERT KOCH
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1883-1884 |
Cólera en Egipto y la India |
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1885 |
Conferencia de Sanidad en Roma |
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1896-1897 |
Peste Bovina en Sudáfrica |
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1897 |
Peste en la India |
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1897-1898 |
Peste, malaria, Fiebre de Texas y Enfermedad Sueño en África |
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1898 |
Malaria en Italia |
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1899 |
Malaria y quinina en Italia |
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1899-1900 |
Malaria en Batavia (Yakarta) y Nueva Guinea |
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1901 |
Congreso Internacional de Tuberculosis en Londres |
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1901-1902 |
Malaria en Italia e Istria (Islas Brioni) |
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1903-1904 |
Theileriosis y peste equina en Rhodesia |
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1904-1905 |
Mosca tsétsé y Tripanosomiasis en África (expedición privada) |
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1906-1907 |
Enfermedad del Sueño en África |
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1908 |
Conferencia Internacional sobre Enfermedad del Sueño, Londres |
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1908 |
Congreso Internacional sobre Tuberculosis, Washington |
El espejismo que empaña una reputación
Como señala Darmon (1) , el 4 de agosto de 1890 pudo ser una fecha memorable en la historia de la tuberculosis. Bajo la presidencia de Virchow se abre en Berlín el X Congreso Internacional de Ciencias Médicas, cuyo discurso inaugural pronunciará Robert Koch (16) .
Había expectación por conocer lo que diría, se había filtrado que haría un gran anuncio. Y Koch dijo que había encontrado una sustancia capaz de detener el crecimiento del bacilo de la tuberculosis no sólo en el tubo de ensayo sino también en el animal enfermo (cobayas infectados).
El efecto fue inmediato. La esperanza de la curación en seres humanos era tangible. ¿No había encontrado el bacilo? ¿Por qué no podía haber descubierto el remedio? El mundo entero se hace eco de la noticia, los medios de comunicación lo aclaman, el mundo científico le aplaude. Koch guarda secreto sobre la composición de su producto que llamarán “linfa de Koch”. La industria farmacéutica le hace ofertas fabulosas para comercializarlo, él lo ofrece al Emperador, será el Estado quién deba difundirlo.
Koch es invitado a la Sociedad Médica de Viena donde los profesores Billroth y Dintel le rinden un homenaje. Hasta la prensa francesa le halaga. Anna Thiele, una mujer de 23 años es la primera en recibir la “linfa”, ocupando en el imaginario colectivo el lugar de James Phipps o Joseph Meister, los primeros inoculados por Jenner (viruela) y Pasteur (rabia) (1) .
“Todo el mundo cree que la medicina está en posesión de una sustancia misteriosa que actúa poderosamente sobre los tejidos tuberculosos destruyéndolos. La sustancia se convierte en secreto de estado. Se especula con el precio que tendrá.
Algunos dicen que también curará otras enfermedades. Los farmacéuticos ponen mala cara ya que la mayoría de su clientela son tuberculosos que toman siropes o vinos fortificantes. Berlín se convertirá en la capital de los milagros. El gobierno adelanta un crédito para construir allí un centro análogo al Instituto Pasteur con laboratorios y una clínica de 150 camas.
París será destronada como capital de la microbiología” (1) . Miles de médicos acuden a Berlín. Koch no para de dar entrevistas a periodistas de todo el planeta. Los hoteles se llenan de enfermos. La ciudad está invadida por un ejército de tuberculosos. Algunos embaucadores llegan a vender cerveza esterilizada en lugar de la “linfa”. La atmósfera se torna malsana. Aunque el estado ha fijado el precio en 5 pfennige algunos hacen fortuna cobrando por tratamientos anticipados sumas fabulosas (1) .
La panacea, lamentablemente, tras ser administrada a numerosos enfermos empieza a producir graves efectos indeseables, incluso la muerte de algunos pacientes. Los vieneses dan la alarma recomendando utilizar la “linfa” con prudencia. Koch está contra las cuerdas, el 18 de diciembre ve como muere uno de sus propios pacientes y otro, tras diez inyecciones, queda maltrecho. Koch se rinde, cae de su pedestal. “Koch desenmascarado, la linfa germánica despojada de sus velos” dice un titular de prensa (1) .
El 15 de enero de 1891, Koch desvela la composición: “el remedio con la ayuda del cual he instituido el tratamiento curativo de la tuberculosis es un extracto glicerinado de cultivos puros del bacilo de la tuberculosis” (1) .
Tal vez se apresuró, presionado por el gobierno y el espíritu competitivo de la microbiología, alcanzando su más sonoro fracaso (16) . Años después, rebautizada como “tuberculina” la sustancia se convirtió en una inestimable ayuda para el despistaje de la tuberculosis. Una semana después de la declaración de Koch, Behring, uno de su asistentes aplica con éxito un suero antidiftérico.
Controvertido padre de la bacteriología
El Gobierno mantiene su idea de favorecer la investigación y crea en Berlín (1891) el Instituto de Enfermedades Infecciosas (más tarde Instituto Robert Koch) cuya dirección ocupará éste hasta 1904 en que le sucederá Gaffky (Figura 15) .
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Figura 15. Koch, Director del Instituto de Higiene de Berlín |
Figura 16 . Koch con su esposa Hedwig Freiberg en Suecia para recibir el Nobel (1905) |
La vida personal de Koch también dará un giro cuando a los cincuenta años (1893) se divorcia de su mujer. Se volverá a casar el mismo año con una joven actriz de 19 años que ha conocido en un teatro. Hedwig Freiberg (Figura 16) , será una esposa modelo y le acompañará en todas sus expediciones africanas, pero el escándalo y la habladuría que supone en aquella sociedad no abandona a Koch el resto de su vida.
Hasta el final de sus días continuará trabajando. Ha creado una gran escuela de investigadores y ha establecido un método. Entre sus discípulos y colaboradores se encuentran algunos de los grandes científicos de la época: Loeffler, Fraenkel, Flugge, Gaffky, Behring, Pfeiffer, Ehrlich, Wasserman o Kitasato. Solía decir que “una vez hallados los métodos, los descubrimientos me cayeron en el regazo como frutos maduros”.
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Figura 17. Koch en 1910 |
Además del Nóbel que ahora cumple su centenario, Koch recibió grandes honores. Quizá uno de los mejores recuerdos, en el que se aúnan reconocimiento y viaje exótico fue su estancia en Japón durante 1908.
Allí recibió grandes pruebas de afecto por parte de su amigo Kitasato. El pueblo japonés lo acogió como un gran personaje y pronunció una conferencia en la Academia Japonesa de Ciencias en la que resumió sus trabajos sobre la enfermedad del sueño.
Para conmemorar su presencia, Kitasato fundó la “Sociedad Japonesa para la Prevención contra la Tuberculosis”. El padre de la bacteriología murió de un ataque cardíaco el 27 de mayo de 1910 en Baden-Baden (Figura 17).
Contaba 66 años de edad, fue incinerado y sus cenizas están depositadas en un mausoleo que se erigió en el ala sudoeste de su Instituto. De él nos queda hoy su imborrable recuerdo y un pequeño museo (Figura 18). Nuestro agradecimiento.
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Figura 18. Museo Robert Koch |





