Se espera que antes de que acabe el año la Organización Mundial de la Salud apruebe una nueva vacuna frente a la poliomielitis para combatir un tipo de virus polio que está diseminándose por el hemisferio sur. Esta será la primera vez que la Institución apruebe una vacuna bajo la premisa de uso en emergencias. El virus es una versión del virus tipo 2 que se utiliza en la vacuna de administración oral y que está ampliamente distribuido por Afganistán, Pakistán, Filipinas, Malasia, Yemen y en 19 países africanos.
En lo que va de año se han contabilizado más de 460 casos de parálisis, lo que supone una cifra cuatro veces superior a la registrada en 2019. La vacuna ha tardado en desarrollarse más de diez años y aunque no ha sido aprobada aún, ya hay disponibles 160 millones de dosis fabricadas por Bio Farma en Indonesia. En el proceso de desarrollo, la Fundación Bill y Melinda Gates han contribuido con 150 millones de dólares.
La vacuna, al igual que la clásica oral, deriva del virus vivo tipo 2, pero mediante ingeniería genética se han modificado tres aspectos clave para evitar su virulencia y transmisibilidad: a) intercambiando las secuencias nucleótidas del ARN, b) dificultando su recombinación con otros virus intestinales, y c) enlenteciendo su evolución.
La aprobación por procedimiento de emergencia supone que habrá una monitorización intensiva de la seguridad durante los tres primeros meses desde su introducción en los países.


