El 27 de noviembre de 2025 la Organización Mundial de la Salud por medio del Global Advisory Committee on Vaccine Safety evaluó dos nuevas revisiones sistemáticas, de robusta metodología, acerca de la potencial relación entre las vacunas y los trastornos del espectro autista (TEA). Mediante una revisión integral de las últimas evidencias publicadas entre enero 2020 y agosto 2025 se reafirmó en las mismas conclusiones que a las que llegó en informes de 2002. 2004 y 2012 y que en definitiva decían que no se dispone de evidencias de una relación causal. La primera revisión sistemática examinó la relación entre vacunas con timerosal y los trastornos del espectro autista. Encontraron 31 estudio primarios de investigación y cinco metaanálisis. 20 de los 31 provenían de once países distintos y no encontraron evidencias que apoyaran la relación mientras que los otros once sugerían una asociación potencial, aunque con un nivel muy bajo de evidencia y alto riesgo de sesgos. La segunda revisión se centró en estudios en humanos que evaluaban los riesgos potenciales para la salud asociados con el aluminio contenido en las vacunas. Una evidencia de alta calidad procedente de diez ensayos clínicos controlados y de siete amplios estudios de cohortes no encontraron asociación entre ese elemento y enfermedades sistémicas crónicas. Dos estudios reportaron asociación entre el aluminio acumulado tras la vacunación repetida y la prevalencia de TEA, aunque ambos eran ecológicos y por diseño no pueden informar acerca de causalidad. Adicionalmente tenían limitaciones metodológicas con alto riesgo de sesgos por la que el nivel de evidencia se consideró bajo. El Comité también revisó un estudio reciente referido al aluminio aparecido con posterioridad a las revisiones sistemáticas. Se trata de un gran estudio de cohortes muy robusto metodológicamente que examina los registros nacionales daneses nacidos entre 1997 y 2018. Encontró que la incidencia de 50 trastornos crónicos, que incluían TEA y trastornos del neurodesarrollo no se asociaba con una exposición infantil precoz al aluminio contenido en las vacunas.
En resumen, la evidencia de calidad disponible apoya que No hay evidencias de una asociación entre las trazas de aluminio contenido en algunas vacunas y trastornos del espectro autista.


