Los antivacunas en el estado pandémico

 

Al mismo tiempo que la comunidad científica se encuentra inmersa en la búsqueda de una vacuna frente al SARS-CoV-2, un pequeño pero ferviente movimiento antivacunas le hace frente. Sus miembros están expandiendo mensajes de diversa índole: las vacunas frente al coronavirus pretenden implantar microchips o una mujer participante en los ensayos clínicos falleció tras recibir una dosis de la vacuna. Además, la semana pasada un video de YouTube con más de ocho millones de visitas promovió el mensaje de que las vacunas matarían a millones de personas.

Según expertos en comunicación y en movimientos antivacunas, estas noticias pueden socavar los esfuerzos para alcanzar una inmunidad poblacional frente al coronavirus. Estos mismos alertan acerca de que todos los esfuerzos de esos colectivos se están centrando, prácticamente en exclusiva, en la pandemia por SARS-CoV-2.

En un estudio liderado por Neil F Johnson, de la George Washington University, y publicado por la revista Nature el autor comenta que estos grupos son pequeños de tamaño pero su estrategia de comunicación on line llega a los lugares más lejanos, además de ser extremadamente efectiva. Encontró que las páginas antivacunación tienden a tener menor número de seguidores, pero aun así, son más numerosas que las provacunación y con más enlaces a foros de discusión de otras páginas de Facebook, especialmente a las ligadas a asociaciones de padres de escolares -pueden tener dudas sobre decisión de vacunar-. Por el contrario, las páginas que explican los beneficios y las bases científicas de la vacunación suelen estar asociadas a redes “desconectadas del campo de batalla donde se cuecen los sentimientos”. Las contrarias son locales y conectadas globalmente mientras que las favorables suelen ser nacionales. Pone como ejemplo el caso del brote de sarampión de 2019 en los Estados Unidos. Las páginas antivacunación generaron más links en Facebook que las webs favorables y, a este ritmo, los modelos informáticos sugieren que los opositores en diez años pueden dominar las redes. Este tema no se limita exclusivamente a Facebook. Encontraron también que las comunidades antivacunas están muy implicadas con los grupos de indecisos, mientras que las comunidades provacunas se encuentran en la “periferia”.

Para llegar a esas conclusiones los autores analizaron 1300 páginas de Facebook con cerca de cien millones de seguidores, identificando las pro o antivacunas según su contenido para posteriormente catalogar a las indecisas. 124 fueron catalogadas como favorables con 6.9 millones de seguidores y 317 contrarias a la vacunación con 4.2 millones. Con esos datos elaboraron un mapa de la ecología de las webs y sus interconexiones.

Un miembro del equipo de Johnson publicó el 1 de abril un estudio aun no revisado por pares sobre los mensajes on line del COVID-19 en el que sugiere que están aumentando los links de debate entre distintas plataformas sociales como los antivacunas y los grupos de extrema derecha.

El presidente del Sabin Vaccine Institute, Bruce Gellin, es de la opinión que para contrarrestar la diseminación de los sentimientos antivacunas no solo se debe entender la forma del mapa on line elaborado por Johnson, sino también conocer cómo se ha llegado hasta ahí. Se necesita comprender, adicionalmente, el tipo de conversaciones y contenidos antivacunas que empuja a la población a compartirlos con otros.

Por su parte, Heidi Larson, directora del Vaccine Confidence Project de la London School of Hygiene and Tropical Medicine piensa que la comunidad provacunación se limita a su narrativa y no llega a las que circulan entre los indecisos. Los provacunas tienen un mensaje muy simplista: las vacunas funcionan y salvan vidas, mientras que las narrativas de los opositores son más numerosas: desde sembrar inquietudes sobre la salud infantil hasta promover las medicinas alternativas pasando por las teorías de la conspiración. Pero también difieren en la diseminación de los mensajes: hay más clusters de Facebook en los opuestos a la vacunación, lo que ya encontró el grupo de Johnson en zonas de conflictos donde los insurgentes tuvieron una participación muy activa en redes sociales. En la opinión de Heidi Larson, los antivacunas tienden a ganarse adeptos mediante mensajes emotivos y personalizados, que no necesariamente se basan en temores (“las vacunas te matarán”) sino que pretenden -y lo consiguen- llegar al corazón (¿quieres a tus hijos?

En general, la mayoría de la población apoya las vacunas y se reafirma en ellas en las pandemias, pero la rapidez con la que se están desarrollando las vacunas pandémicas podría generar sospechas: “hay que ser claro y transparente con su proceso de desarrollo! para evitar que la gente pregunte: ¿cómo estamos seguros que no se ha tomado ningún atajo?”

Para neutralizar las comunidades antivacunas, Johnson apunta a que las agencias de salud pública, las plataformas de medios sociales y los gobiernos pueden utilizar un mapa similar al diseñado por su equipo para poner en marcha un amplio conjunto de estrategias novedosas que identifiquen donde se encuentran los grandes “teatros de la actividad on line”.

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.




¿Podrá eliminar la COVID-19 el movimiento antivacunas?

A la vista de las dramáticas cifras de morbimortalidad que ha generado y sigue generando la pandemia ocasionada por el SARS-CoV-2, no sería de extrañar que toda la población quisiera vacunarse frente al mismo en caso de que estuviera disponible una vacuna efectiva y segura. Lamentablemente, este no parece ser el escenario pronosticado a la vista de los resultados de algunas encuestas llevadas a cabo en la ciudad de Nueva York en el momento álgido pandémico, de las que se hace eco un artículo de opinión de la periodista Katrina Megget en The British Medical Journal. Lo sorprendente de las tres encuestas realizadas hasta la fecha, es que el número de los que rechazarían la vacunación permanece prácticamente inalterable, entre el 12% y el 19%. Los autores atribuyen esta alta negatividad a un movimiento pequeño que se opone a las vacunaciones, pero que es increíblemente audible.

Ya la Organización Mundial de la Salud en 2019, a la vista de los brotes de sarampión a escala mundial en ese año y precedentes, consideró la reticencia vacunal como una de las diez amenazas para la salud global. En un mundo COVID-19, el miedo y la confusión no han hecho más que exacerbar la situación, debido en gran parte a la amplia circulación de desinformación y de teorías conspirativas: que Bill Gates utiliza las vacunas en desarrollo para incluir un microchip en la población o que uno de los primeros voluntarios inoculados con la vacuna del Oxford Vaccine Group falleció a causa de complicaciones derivadas de la vacuna, son solo algunas de las falsedades más difundidas estos últimos días.

A pesar de ser relativamente pequeño, el movimiento antivacunas utiliza activamente los medios sociales para amplificar sus mensajes dirigiéndolos a personas a las que las vacunas les generan cierta inseguridad, particularmente a los grupos de padres. De hecho, un estudio que incluyó más de 500 anuncios de Facebook entre diciembre 2018 y febrero de 2019, encontró 145 que expresaban un sentimiento antivacunación, alcanzando una audiencia estimada de entre 5.000 y 50.000 personas. Aunque Facebook ya rechaza y ha eliminado los posts de peligrosa desinformación acerca de la COVID-19 y de su potencial vacuna, la OMS por boca de la Directora del Departamento de Vacunación, Katherine O´Brien, percibe un sentimiento antivacuna COVID-19 en las redes sociales: “todavía no disponemos de una vacuna y ya se oyen voces contrarias”.

Echar leña al fuego

El profesor de salud pública en la Harvard TH Chan School of Public Health, Barry Bloom, ha comentado que la COVID-19 se extinguirá antes que los movimientos antivacunas. Antes que achantarse, la pandemia los ha vigorizado. Lo ejemplifica con los cientos de personas que en Wisconsin (Estados Unidos) se manifestaban días atrás en contra del confinamiento portando pancartas contrarias a la vacunación y de la cobertura que algunas televisiones –Fox News– están prestando al movimiento.

Desde que comenzara la pandemia ha habido una afluencia de visiones extremistas provenientes, especialmente, de los que sospechan que existe un control gubernamental sobre todo lo demás. Con la reticencia en su punto más álgido, junto a la mala situación económica, el escepticismo a las medidas del gobierno y la irritación por el confinamiento, aparecen las oportunidades para que los antivacunas se dirijan a los más influenciables y vulnerables.

Un punto muy sensible es el de la rapidez en disponer de una vacuna pandémica: la comunidad antivacunas se agarrará a cualquier cosa que no haya ido bien y la utilizarán para generar temores. A ese respecto, Heidi Larson, directora del Vaccine Confidence Project de la London School of Higyene and Tropical Medicine ha dicho que una de las preocupaciones más importantes es que las nuevas vacunas frente al SARS-CoV-2 se desarrollen muy deprisa y que no sean lo suficientemente seguras. Las prisas se utilizarán como argumentos y evidencias de una pérdida de derechos civiles. El movimiento antivacunas no dudará en apuntar a la corrupción política y a las grandes firmas farmacéuticas si, en el caso de disponer de una vacuna, fueran los adinerados los primeros en recibirla.

Oportunidades

A pesar de lo anterior, algunos apuntan a una mayor simpatía y acercamiento de algunos grupos hacia la salud pública y a un mayor apoyo a sus esfuerzos. Informes aparecidos en los medios anglosajones citan a antivacunas que han expresado su indecisión respecto a sus creencias mostrándose más inclinados a ser vacunados. Como reflejo de lo anteriormente expuesto, una encuesta continuada sobre el coronavirus ha mostrado que a mediados de marzo el 7% de los británicos no se vacunaría si existiese una vacuna frente a la COVID-19, para descender a un 5% a principios de abril.

La pandemia puede representar por lo tanto, una oportunidad para reforzar el apoyo a los programas de vacunación. La población está comprobando el impacto que tienen las graves enfermedades en la disrupción social, en las relaciones, en los trabajos y en sus vidas: “la pandemia es un recordatorio del éxito de las vacunas”.

Para aprovechar la oportunidad que brinda la pandemia, el diálogo debe comenzar ahora mismo; no se puede esperar un año y medio hasta disponer de una vacuna. Barry Bloom apuesta por una amplia campaña de promoción liderada por respetadas personas, junto al cribado de las redes sociales para eliminar la desinformación. La pandemia va a mostrar nuestra vulnerabilidad cuando toque hablar de vacunas y de reticencias vacunales. Esto va de proteger a la comunidad y no podemos arruinar esta oportunidad.

 

Traducido y adaptado por José A. Navarro-Alonso M.D.

Pediatra. Comité Editorial A.E.V.

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Los profesionales sanitarios critican las teorías ‘antivacunas’ por “irresponsables”

Frente a quienes proponen fórmulas alternativas de inmunización, los expertos defienden la vacunación como la única estrategia eficaz de "protección colectiva". Mientras los científicos luchan por dar con una vacuna contra el Alzheimer o el sida, algunos sectores de la población se declaran antivacunas. En España las vacunas no son obligatorias. Hay un calendario oficial de los dos meses a los 16 años. Y el Ministerio de Sanidad, como la Organización Mundial de la Salud, recomienda la vacunación, "una de las medidas de mayor impacto en salud pública en el siglo XX". Sin embargo, grupos como la Liga para la Libertad de Vacunación denuncian "la rigidez e indiscriminación de los programas vacunales".

Estos son minoritarios en comparación con EE UU, pero ruidosos. Y su mensaje va calando en algunos padres, como explica el doctor Carlos González en “En defensa de las vacunas” (Temas de hoy), que habla de "un paquete raro-progre-natural" por el que "si defiendes la lactancia materna o coger en brazos a los niños, también debes estar en contra de las vacunas". En defensa de las vacunas, con estilo divulgativo y todo el aval científico, Carlos González desmonta obras recientes de ‘antivacunas’ y muestra al lector en qué se basan ellos y los que defienden las vacunas.

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La OMS alerta del auge de los movimientos antivacunas como una amenaza creciente para los programas de vacunación

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que el auge de los movimientos antivacunas comienza a ser una “amenaza cada vez mayor” para los programas de vacunación, de cara a ser realmente eficaces al proteger a la población. En un artículo publicado en la revista ‘Vaccine‘, este organismo de Naciones Unidas recuerda que a nivel mundial se registran cada año 1,5 millones de muertes infantiles por enfermedades que podrían prevenirse con vacunas ya disponibles. En parte, precisan, porque uno de cada cinco niños no tiene acceso a estos medicamentos. El problema, señala el artículo, es que en los últimos tiempos esta desprotección está provocada por el auge de movimientos antivacunas que hace haya personas que retrasan o directamente rechazan la vacunación, tanto la suya como la de sus hijos, lo que representa un “reto cada vez mayor” en especial para aquellos países que trabajan por acabar con la brecha de la inmunización.

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Donald Trump, mantuvo una reunión con grupos antivacunas

Según Science, el pasado once de agosto el nominado republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Donald Trump, mantuvo en Florida una reunión con proponentes de una relación entre vacunas y autismo, incluyendo a Andrew Wakefield. Trump conversó por espacio de 45 minutos con cuatro activistas antivacunas y les prometió que visionaría el documental Vaxxed producido por Wakefield a la vez que expresó su interés en mantener futuros encuentros. Por otra parte, el actual Presidente electo no es extraño al movimiento antivacunas ya que en entrevistas, tweets y debates ha sugerido que aprecia cierta relación entre vacuna y autismo. Como presidente tiene la autoridad de nombrar a influyentes oficiales de salud pública, como el director general de salud, el director de los CDC y el de la FDA.

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Agresiones en Italia por parte de colectivos antivacunas

Tras la aprobación por parte del parlamento italiano el pasado 28 de julio de la ley que hace obligatorias diez vacunas antes de la escolarización, han sido agredidos tres parlamentarios del partido demócrata y un médico por parte de colectivos antivacunas. La obligatoriedad es consecuencia del incremento de casos de sarampión desde el comienzo del año, con 3.842 casos y tres niños fallecidos. Las vacunas obligatorias son: difteria, tétanos, tosferina, Hib, sarampión, rubeola, parotiditis, hepatitis B, poliomielitis y varicela. Las vacunas antimeningitis B y C se recomiendan pero no son obligatorias. Las multas son de 2.500 euros.

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Los grupos antivacunas de los Estados Unidos se sienten traicionados por Donald Trum

Los grupos antivacunas de los Estados Unidos se sienten traicionados por Donald Trump al haber nominado como Directora de los CDC a la provacunas Brenda Fitzgerald. Este gesto ha motivado que la comunidad médica respire aliviada. La doctora ha trabajado en el Departamento de Salud Pública de Georgia y reemplazará a Anne Schuchat que era interina en el cargo y a Tom Frieden que lo desempeñó durante ocho años en la Administración Obama. La doctora Fitzgerald se ha mostrado partidaria de la vacunación como la mejor manera de proteger a niños de enfermedades inmunoprevenibles como la tosferina y sarampión. Por otra parte, ya escribió en 2014 un artículo en el Atlanta Journal Constitution titulado “Babies need their vaccines”

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Un médico italiano utiliza Facebook para luchar contra el movimiento antivacunas

Un profesor de microbiología y virología italiano, sorprendido por el creciente número de niños que mueren en Italia a causa de enfermedades que se pueden prevenir con vacunas —y por las historias de padres que se niegan a vacunar a sus hijos—, ha decidido enfrentarse al movimiento antivacunas en el mismo medio por el que la gente se dedica a difundir información errónea: Facebook. El doctor Roberto Burioni, profesor de la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán (Italia), utiliza su página de Facebook para explicar a sus más de 25.000 seguidores la ciencia que hay detrás de las vacunas y para desmentir los rumores de lo peligrosas que son mediante datos científicos. Cuando no cita estudios científicos, cuenta anécdotas reales de situaciones que han ocurrido en todo el mundo para convencer a la gente que está en contra de las vacunas. Actualmente, afirmar que las vacunas contra el sarampión, las paperas o la rubeola están relacionadas con los trastornos neurológicos en general (y con el autismo en particular) es, según Burioni, “como decir que la Tierra es plana”.

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¿Antivacunas o ultraortodoxiavacunal?

Interesante artículo de Jesús Martínez Álvarez en “huffingtonpost.es” sobre este tema que comienza así: “A día de hoy, es un debate estéril el de si las vacunas sí o las vacunas no. Para mí, como pediatra, está claro: vacunas SÍ. Lo digo públicamente, e incluso lo he grabado para que no haya dudas. Es absurdo el debate público entre antivacunas y ultraortodoxosvacunales. Creo que es un tema de ciencia, y que en esos términos científicos se debería quedar, para que una vez esté claro, se le ofrezca ya masticadito a las autoridades económicas y políticas“.

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La guerra de los antivacunas

La difteria reaparece ahora -al igual que el sarampión y otros males que las campañas de inmunización masiva habían acorralado- de la mano de los antivacunas, padres que se niegan a proteger a sus hijos frente a graves enfermedades porque, según ellos, las vacunas no son ni efectivas ni seguras. «Gracias a las vacunas, hemos erradicado la viruela, estamos en vías de erradicar la poliomielitis y hemos eliminado de la circulación la rubeola y el sarampión», explica Javier Arístegui, pediatra, infectólogo del Hospital Universitario de Basurto y profesor de la UPV. Para él, el caso del pequeño de Olot demuestra que «no se puede bajar la guardia» en la lucha contra males como la difteria. «Por fortuna -añade-, la cobertura de vacunación contra esta enfermedad en España es altísima y supone que está protegida la inmensa mayoría de la población». Allí donde se han introducido masivamente las vacunas contra la difteria, sarampión, tos ferina y otras enfermedades, las muertes por esas dolencias han desparecido. Tampoco pasean por nuestras calles menores de 30 años con la cara marcada por la viruela ni vascos menores de 20 años cojos a consecuencia de la polio, cuyo último caso en Euskadi diagnosticó Arístegui en 1985. El problema es que, si las inmunizaciones caen, cualquier enfermedad en retroceso puede resurgir y convertirse en una amenaza para la población desprotegida.

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