Con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización, la Asociación Española de Vacunología (AEV) ha puesto en marcha la campaña ‘Cazando Bulos’, centrada en desmontar los mitos más extendidos sobre las vacunas. En esta entrevista, miembros de su Junta Directiva analizan el impacto de la desinformación y el papel clave de la evidencia científica y los profesionales sanitarios para proteger la salud pública.
Este año, la campaña de la AEV con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización se ha centrado específicamente en la desinformación y los bulos relacionados con las vacunas. ¿Por qué motivo?
Jaime Pérez: Los bulos son uno de los tipos de desinformación que más amenaza la vacunación y la salud de la población. Un ejemplo es el reto de la toma de paracetamol, que representa un caso extremo de desinformación pero que, lamentablemente, está presente en todos los ámbitos de la salud. Los bulos en vacunas son cada vez más frecuentes y llegan más a la población. Por ello es necesario hacer llegar a la sociedad información veraz y respaldada científicamente, para que las personas puedan tomar decisiones con la información correcta.
¿Pueden los bulos y las fake news tener consecuencias sobre las coberturas de vacunación y la percepción social de las vacunas?
Glòria Mirada: Sí, claramente sí, además está demostrado con evidencia. Hace que surjan dudas, que las vacunas se vean con miedo… y esto genera desconfianza y, por supuesto, una menor intención de vacunarse. Pueden llevar a retrasar dosis, a que no se completen las pautas del calendario o a aumentar la reticencia vacunal. Como consecuencia bajan las coberturas vacunales y se compromete no solamente la salud individual, sino también la colectiva, y se crean grupos vulnerables. Esto favorece la reaparición de enfermedades prevenibles, como el sarampión, por lo que combatir la desinformación es fundamental para proteger la salud pública.
¿Qué riesgos puede tener a medio y largo plazo una caída en la confianza en las vacunas?
Ana Grande Tejada: Además de la disminución de las coberturas y el aumento de la incidencia de enfermedades infecciosas, puede conllevar un aumento de complicaciones secundarias a enfermedades infecciosas. También a más consultas de Atención Primaria, un aumento de las hospitalizaciones, retrasos en cirugías por no haber camas disponibles, aumento de los riesgos cardiovasculares… Todo ello provoca una menor seguridad para que los pacientes inmunodeprimidos puedan acudir a colegios o a sus puestos de trabajo, lo que se traduce en un mayor absentismo laboral, con su consiguiente impacto económico.
¿Existen perfiles o grupos especialmente vulnerables a este tipo de desinformación?
Rosario Cáceres: Los estudios sugieren que cuanto menor alfabetización hay, más susceptible se es a los bulos y a los mensajes desinformadores. Además, la efectividad de las intervenciones en salud está relacionada con el contexto cultural, el pertenecer a minorías, el nivel de alfabetización y, sobre todo, la influencia de los padres y cuidadores. Otros investigadores explican que una cosa es la intención vacunal y otra el acto real de vacunación. La diferencia entre el porcentaje de la gente que está convencida y el porcentaje de la gente que realmente se vacuna está directamente relacionada con los determinantes sociales. Es decir, cuantos más determinantes sociales afectan a esa persona, más aumenta esa diferencia. Si no llevamos a cabo acciones concretas dirigidas a esos colectivos vulnerables no vamos a salvar ese escalón entre la intención y el acto real de vacunación.
¿Por qué cree que, pese a la evidencia científica, algunos mensajes falsos calan más que la información rigurosa?
Fernando Moraga-Llop: Porque las falsas noticias y los bulos se difunden con mucha rapidez a través de las redes sociales y algunos medios digitales. Esa inmediatez y capacidad de expansión, en ocasiones eclipsa y opaca la información basada en la evidencia científica. Como el ejemplo de la supuesta relación entre las vacunas y el autismo, ya que está demostrado desde hace muchos años que no existe tal asociación.
En un contexto marcado por la sobreinformación y las redes sociales, ¿cómo puede la ciudadanía identificar fuentes fiables de información en salud?
Victoria Nartallo: A través de las páginas web de organismos internacionales como la OMS y/o el ECDC, del Ministerio de Sanidad y las diferentes Consejerías de salud y a través de las páginas de las Sociedades Científicas de reconocido prestigio en temas sanitarios.
¿Qué papel juegan los profesionales sanitarios en la lucha contra los bulos y en la generación de confianza en las vacunas?
Natividad Tolosa: Los profesionales sanitarios son la primera línea contra los bulos y el pilar más sólido de la confianza en las vacunas. La mayoría de las personas confía más en su médico, enfermera o farmacéutico que en cualquier institución o redes sociales. Por eso, esa confianza convierte a los profesionales sanitarios en un filtro crítico frente a la desinformación. Su combinación de conocimiento científico, cercanía con la población y capacidad comunicativa los convierte en actores imprescindibles en la lucha frente a falsas informaciones sobre las vacunas.
¿Qué medidas son necesarias en la lucha contra la desinformación en salud?
Julián Ojanguren: Para combatir la desinformación en salud es necesario ofrecer a la población información que sea comprensible, fiable y cercana. La unión entre profesionales sanitarios, sociedades científicas y asociaciones de pacientes es fundamental, ya que de esta manera podremos construir una relación de confianza con la población para combatir los bulos que circulan. Necesitamos que los pacientes no solo estén informados sino que, además, se sientan acompañados en todo el proceso.
Si tuviera que desmontar un solo bulo en 10 segundos, ¿cuál sería y qué diría?
José Lorenzo Bravo Grande: Desmontaría el bulo de que la vacuna de la gripe no es efectiva porque aunque te la pongas puedes pasar la enfermedad. La realidad es que la vacuna es efectiva y actúa mejor si las coberturas vacunales en la población son elevadas. Existen muchos virus diferentes de la gripe y mutan con mucha facilidad, eso explica que se pueda contraer la gripe aun habiéndonos vacunado. Por eso cada año se van adaptando las vacunas.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a la población en esta Semana Mundial de la Inmunización sobre la importancia de las vacunas?
María Fernández Prada: Mantener al día el calendario de vacunación es una inversión en salud presente y futura para toda la sociedad. Las vacunas no solo nos protegen a nosotros, también cuidan de quienes más lo necesitan: nuestros mayores, los niños y las personas vulnerables. En esta Semana Mundial de la Inmunización, promovida por la Organización Mundial de la Salud, el mensaje es sencillo pero muy importante: vacunarse es un gesto de cuidado, de responsabilidad y de solidaridad. Gracias a las vacunas, hoy vivimos más y mejor. No olvidemos todo lo que nos han dado y sigamos confiando en ellas.
Con motivo de la Semana Mundial de la Inmunización, la Asociación Española de Vacunología ha puesto en marcha la campaña ‘Cazando Bulos’, que se está difundiendo estos días a través de las redes sociales. Mediante esta iniciativa, la AEV busca desmontar algunas de las noticias falsas relacionadas con las vacunas más extendidas en los últimos años, y promover el acceso a información rigurosa y basada en la evidencia científica.
