24ª reunión del Comité de Emergencia en virtud del Reglamento Sanitario Internacional sobre La propagación internacional del poliovirus

El Comité de Emergencias para el Reglamento Sanitario Internacional de la OMS mantuvo mediante videoconferencia su reunión número 24 el pasado 26 de marzo en relación a las recomendaciones de vacunación frente a la poliomielitis.

El Comité revisó los datos de poliovirus salvaje tipo 1 y de los virus circulantes derivados de la vacuna (VCDV). Respecto al primer punto el Comité se mostró muy preocupado por el aumento significativo en los años 2018 y 2019 en los dos países endémicos. Pakistán y Afganistán, con 175 casos en 2019 comparados con los 33 en 2018 y los 32 ya contabilizados a mediados del mes de marzo.

En cuanto al segundo punto se han registrado brotes epidémicos en cuatro regiones de la OMS (Africa, Mediterráneo este, Sudeste de Asia y Pacífico occidental) y lo que es más preocupante: la creciente diseminación de estos virus entre países colindantes, especialmente africanos, y la escasez de la vacuna oral monovalente tipo 2. Prestaron especial énfasis a las repercusiones que para la erradicación de la poliomielitis puede tener el COVID-19.

El Director General de la OMS aceptó las recomendaciones del Comité y las hizo aplicables con fecha 7 de abril.

 




Evidencia preliminar de que la vacuna MMR podría proporcionar protección contra COVID-19

En la línea de las recientes prepublicaciones que sugieren una ligazón entre la vacuna Calmette-Guerin (BCG) y la posible adquisición de una inmunidad inespecífica frente al COVID-19, investigadores de la Universidad de Cambridge y de la de Luton & Dunstable, también en una “prepublicación aun no revisada por pares”, aventuran la hipótesis de que la vacuna triple vírica no evitaría la infección, pero sí podría mejorar el desenlace clínico de la infección por SARS-CoV-2 en los ancianos. Apoyan su hipótesis en tres líneas de evidencia: a) la homología de dominios proteicos entre el virus pandémico (coronavirus) y los virus vacunales de sarampión y parotiditis (paramixovirus) y rubeola, b) la inmunidad debida a la vacuna triple vírica y el riesgo de mortalidad por el SARS-CoV-2. Para ello analizaron los datos de introducción de la vacuna, las coberturas y la mortalidad por COVID-19 de Italia, España y Alemania desglosadas por edades, y c) el análisis de los títulos de anticuerpos IgG e IgM antirrubeola en pacientes de COVID-19. Comprobaron como los pacientes con cuadros clínicos más graves tenían unos niveles aumentados de IgG antirrubeola, no los IgM, en comparación con aquellos cuya clínica era menos grave, lo que sería consistente con la hipótesis de que los pacientes están respondiendo específicamente al SARS-CoV-2 al identificar éste la homología aminoácida con el virus vacunal rubeólico.

Reconociendo las múltiples limitaciones del estudio ecológico, los autores apuntan a que los datos preliminares podrían apoyar la hipótesis de que la vacuna de rubeola proporcionaría protección frente a una clínica grave. No obstante, advierten de que sería necesario un estudio que utilice datos individuales que permitan comparar el estado inmune frente a los tres virus y la población afectada, así como conocer ese status y la gravedad de la enfermedad en los jóvenes infectados.